JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —CertÃsimo mi querido filósofo, y no se habla de otra cosa, sino de la carta que ha dirigido el delfÃn a M. de Sartine.
—No ha llegado a mi conocimiento.
—Es un acto admirable de caridad. Cada mes recibe el delfÃn dos mil escudos de pensión, y viendo esta mañana que no se los enviaban, recorrÃa, pensativo y manifestando su disgusto, todas las habitaciones de palacio, hasta que cansado por último de esperar, envió repetidas órdenes al tesorero, quien le llevó la suma mensual que le corresponde. El prÃncipe, sin perder tiempo, la ha remitido a ParÃs con una carta a M. de Sartine, el cual me la ha comunicado enseguida.
—¿Es decir que habéis visto hoy a M. de Sartine? —interrumpió Rousseau.
—SÃ, acabo de despedirme de él —repuso M. de Jussieu no sin manifestar alguna turbación—: Necesitaba algunas semillas que él puede facilitarme; de modo que la delfina —continuó vivamente—, permanecerá por ahora en Versalles para cuidar de sus enfermos y heridos.
—¡Sus enfermos y heridos!
—¡Oh!, sÃ, pues no es el señor Gilberto el único que ha padecido. ¡Oh!, el pueblo sólo ha pagado esta vez una contribución parcial de sangre, y entre los heridos hay muchÃsimos nobles.