JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Escuchaba Gilberto con una avidez y una ansiedad inexplicables, pues le parecÃa a cada momento que el nombre de Andrea de Taverney iba a salir de los labios del famoso naturalista.
M. de Jussieu se levantó.
—¿Es decir, que habéis terminado vuestra visita? —dijo Rousseau.
—SÃ, y mi ciencia es por completo inútil para este enfermo, a quien sólo hace falta aire puro, ejercicio moderado, y algunos paseos por el campo. ¡Ah!, puesto que hablo de campo…
—Pienso hacer mañana un reconocimiento botánico en el bosque de Marly. ¿Os atrevéis a acompañarme, mi ilustre y aventajado compañero?
—¡Oh! —repuso Juan Jacobo—, decid mejor vuestro admirador indigno.
—Y de esta manera se ofrece una ocasión propicia para que venga con nosotros esté joven y se pasee.
—¿Tan lejos?
—Si está muy cerca de aquÃ: mirad. Iremos en mi carruaje hasta Bougival, nos dirigiremos a Luciennes por el camino de la Princesa y llegaremos al bosque de Marly. Como a fuer de botánicos tendremos que detenernos a cada momento, el joven Gilberto llevará una silla de tijera, y mientras nosotros herborizamos, recuperará él las fuerzas y la vida.