JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Respondía otra voz a la primera: era Felipe que se informaba con tierna solicitud de la salud de su hermana.
Se adelantó Gilberto algunos pasos con la mayor precaución, y se colocó detrás de una media columna que servía de pedestal a un busto cualquiera, de aquellos que en la época de nuestra historia constituían el adorno principal de las entradas de los salones.
Encontrándose ya en completa seguridad, se puso a escuchar y a mirar, creyéndose tan dichoso, que su corazón se dilataba de contento, y tan conmovido por su misma alegría, que aquel corazón se oprimía hasta el extremo de reducirse a un punto invisible dentro del pecho.
Así escuchaba y veía el enamorado joven.