JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —SÃ, señorita —contestó aquella presentando un plato que convidaba por su exquisito olor.
—Dios no consienta que lo pruebe —gritó Taverney enfurecido, tirando su plato.
—Es posible que al señor le agrade —dijo con frialdad Andrea.
Y dirigiéndose a su padre:
—Recordad, señor —le dijo—, que sólo quedan diecisiete platos de ese servicio que viene de mi madre.
Y enseguida partió la humeante torta que su doncella habÃa presentado.