JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Qué entendéis por jardines naturales? —preguntó el rey—. Yo creÃa que los árboles, las flores y las frutas que he visto al atravesar esas huertas, son las cosas más naturales que pueden hallarse.
—Señor, aunque os ocupaseis paseando cien años consecutivos en ellas, siempre hallaréis guardarrayas en lÃnea recta, o paredes formando ángulos de cuarenta y cinco grados, según dice el delfÃn, o estanques con orillas cubiertas de césped, con perspectivas más o menos pintorescas, con tres bolillos o terrados.
—¿Y eso no es bonito?
—Al menos no es natural.
—He aquà una joven princesa que con delirio ama a la Naturaleza. Veamos lo que proyectáis hacer de mi Trianón.
—Cascadas, riachuelos, puentes, grutas, rocas, bosques, calzadas, casas, montes y praderas.
—¿Para muñecas? —interrogó el rey.
—No, señor; para reyes como nosotros —replicó la delfina sin observar el color purpúreo que cubrió el rostro de su abuelo, y sin conocer que presagiaba contra sà misma una lúgubre verdad.
—Es decir, que deseáis trastornarlo y destruirlo todo; pero ¿qué edificaréis?
—Yo conservo.