JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico La campanilla sonó de allà a poco dos veces con claridad.
Estremecióse la condesa en el sofá, y el duque se limpió el sudor de la frente con su pañuelo.
—Ya que me oyes —continuó Balsamo en el mismo idioma—, aprieta el botón de mármol que figura el ojo derecho del león que adorna la chimenea y se abrirá la plancha, pasa por ella; cruza mi gabinete, baja la escalera y entra en la habitación contigua a esta.
Transcurridos pocos momentos, un ruido ligero, semejante al soplo del viento o al vuelo de un fantasma, advirtió a Balsamo que sus órdenes habÃan sido ejecutadas.
—¿Qué lenguaje es ese? —preguntó Richelieu afectando tranquilidad—, ¿es el cabalÃstico?
—SÃ, monseñor, el dialecto que se emplea para la evocación.
—Pero habéis dicho que lo comprenderÃamos.
—Lo que diga la voz, sÃ; mas no lo que diga yo.
—¿Y ha venido ya el diablo?
—¿Quién os ha hablado del diablo, señor duque?
—Supongo que es el personaje a quien se invoca.
—Puede invocarse a todo ser superior o a todo espÃritu sobrenatural.
—Y ese espÃritu superior, ese ser sobrenatural…