JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

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No quería tampoco a la nobleza, ni por instinto ni por recuerdo, porque temía la espada como aborrecía a la iglesia. No tenía interés respecto a la caída de M. de Choiseul, pero escuchaba las quejas de la nobleza, del clero y del parlamento, y este ruido en unión con sus propias murmuraciones le embriagaba.

Esta diversidad de sentimientos crearon en M. de Choiseul una especie de popularidad que no debía prometerse. Todo París, pues esta aserción puede afirmarse con pruebas, acompañó al desterrado de Chanteloup.

Se formaba el pueblo al paso de los carruajes, y todos aquellos que no habían tenido la suerte o la desgracia de ser recibidos por el duque, corrieron a saludarle cuando salía de París como si les hubiese otorgado lo que solicitaban o esperasen conseguir su gracia.

Se aglomeró la multitud en la barrera del Infierno que abre paso al camino de Turena, y tan grande fue la afluencia de gente, que el paso se encontró interceptado por mucho tiempo. Cuando consiguió el duque salir de aquel atolladero se vio rodeado por más de doscientos carruajes.

Acompañaron su marcha mil aclamaciones y suspiros; pero él comprendía demasiado bien la situación para dejar de conocer que todo aquel ruido no demostraba tanto sentimiento por su persona como recelo respecto a los hombres desconocidos que iban a influir en los negocios públicos.


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