JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Necesario es confesar —dijo la condesa—, que el conde de Balsamo, o de Fénix, o como os parezca llamarle, mi querido mariscal, es el primer hombre de los tiempos que corremos. Una lástima serÃa que hoy se quemase a los brujos.
—SÃ, condesa, sÃ; es un grande hombre —contestó Richelieu.
—Duque, y muy amable; os aseguro que me ha encaprichado.
—Condesa, vais a hacerme sentir celos —observó Richelieu sonriéndose, al paso que se hallaba obligado a hablar con seriedad—. No obstante, el tal conde serÃa un terrible ministro de PolicÃa.
—Lo presumo, pero es un ministro imposible.
—¿Por qué?
—Porque con él serÃan imposibles sus colegas.
—¿Cómo as�
—No ignorarÃa nada, estarÃa al cabo de lo más oscuros manejos.
Se ruborizó el mismo Richelieu, al decir esto, prosiguiendo de esta manera:
—Si yo fuera su colega, por mi parte querrÃa que me fiscalizase, que os hiciera formar parte en todas mis operaciones, porque siempre me verÃais de rodillas delante de la dama y fiel adicto a mi rey.