JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Oyóse poco después pulsar las teclas del clave vigorosamente por Andrea y exclamó Balsamo con aire de triunfo al verla cruzar la estancia, temblando.
—¡Vamos!, ya puedo decir como ArquÃmedes: ¡Eureka![8]
—¿Quién es ArquÃmedes? —preguntó el barón.
—Un pobre sabio a quien hace dos mil ciento cincuenta años que conocÃ.