JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Esa es mucha imbecilidad, se ha debido decir que anoche velé hasta muy tarde, o que… ¿Vamos, dónde anda Rafté?
—Durmiendo está, monseñor.
—¡Cómo durmiendo! Que se levante pronto, muy pronto.
—Ea, ea —dijo asomándose al dormitorio un viejo risueño y malicioso—: Aquà está Rafté. ¿Para qué se le busca?
Desapareció todo el enojo del duque ante estas palabras:
—¡Ah! Bien decÃa yo que tú no dormÃas.
—Y aun cuando durmiese, ¿qué tendrÃa de extraño? Apenas es aún de dÃa.
—Pero, querido Rafté, ya ves que yo no duermo.
—Eso es diferente, porque para eso sois ministro. ¿Cómo habÃais de dormir?
—Vamos, me figuro que vas a reñirme —dijo el mariscal haciendo una mueca delante del espejo—. ¡Qué! ¿No estás satisfecho?
—¡Qué me interesan todas esas cosas! Al contrario, preveo que os fatigaréis mucho, y veo que vais a enfermar. De aquà resultará que yo seré quien gobierne el Estado, lo cual tiene muy poco de divertido ni de agradable.
—¡Cómo has envejecido, Rafté!