JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Monseñor, tengo justamente cuatro años menos que vos. ¡Oh! Es verdad, ya soy muy viejo.
Dio una patada en el suelo el mariscal, y preguntó:
—¿Has pasado por la antecámara?
—SÃ, monseñor.
—¿Qué gente espera?
—Medio mundo.
—¿Y qué dicen?
—Habla cada uno de lo que pretenden obtener de vos.
—Es muy natural; pero ¿no has oÃdo hablar de mi nombramiento?
—No me atrevo a contaros lo que acerca de ese particular he oÃdo.
—¿Es verdad? ¿Conque ya empieza la crÃtica?
—Y los peores son aquellos que más necesitan de vos. ¿Qué harán aquellos de quienes necesitéis?
—¡Ah, Rafté…! —exclamó el mariscal sonriéndose—. ¡Y mis amigos afirman que me adulas!
—Pero, monseñor —dijo Rafté—: ¿Por qué diablos os habéis uncido a esa carreta llamada el ministerio? ¿Estáis cansado de ser dichoso y de vivir?
—Amigo mÃo, de todo he probado en esta vida, pero nunca he sido ministro.
—Tampoco habéis tomado arsénico. ¿Lo deseáis tomar en el chocolate por curiosidad?