JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Pero toda la fina, hábil y cautelosa polÃtica de aquella época y de aquella sociedad no pudo evitar la mixtificación que amenazaba a Richelieu.
Por interés y por consideración a la etiqueta, se abstuvieron todos los cortesanos de pronunciar la palabra ministro; algunos llegaron hasta a cumplimentar al duque, aunque convencidos de que esto requerÃa la mayor reserva, una vez que el mariscal no se daba por aludido.
AsÃ, que esta visita de madrugada se consideró por todos como una simple demostración de afecto, o mejor dicho, como la expresión de un deseo, pues, en efecto, hubo cortesanos que se expresaron en este sentido haciendo alarde de sus fundadas esperanzas.
Indicaban unos que el gobierno debÃa acercarse a Versalles y que pocas manos habÃa como las del duque de Richelieu capaces de empuñar las riendas del Estado.
Afirmaba otro que M. de Choiseul le habÃa postergado tres veces en las promociones de caballeros de tales y cuales órdenes, pero confiaba en el grato recuerdo del mariscal Richelieu, ya que nada se oponÃa al cumplimiento de la buena voluntad de Su Majestad.
Por último, llegaron a los oÃdos del mariscal cien peticiones más o menos ambiciosas, aunque expresadas con sumo arte y delicadeza.