JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Completamente.
—Vamos a ver si arreglamos…
—¿Qué?
—Que tengáis que ir a caballo.
—¿Adónde?
—¿Adónde ha de ser?… a Bar-le-Duc.
Balsamo decidióse a esperar hasta su fin el desenlace de aquella proposición.
—¿No llegasteis hasta aquà con caballos de posta?
—A no haber venido con Satán… es muy evidente…
—DificultarÃa el creerlo asÃ, puesto que según me ha parecido estáis con él en buenas relaciones.
—Agradezco infinito la buena opinión que, según veo, habéis formado de mÃ.
—¡Está bien! Pero decidme: ¿qué obstáculo ponéis para continuar vuestro viaje de la misma manera que hasta aqu�
—Porque es imposible. ¿No os he dicho ya que de cuatro caballos sólo restan dos? Además, que el carruaje es muy pesado y esos animales necesitan también descansar.
—Basta: ya veo que os halláis enteramente decidido a pasar la noche en esta casa, y que serÃan inútiles todas mis observaciones.