JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —SÃ, fue mi adversario por un momento por causa de la delfina… No lo ignoráis.
—Este es un milagro de la simpatÃa; pues desconocÃa por completo este asunto, por más que me digáis, y no obstante, le he desahuciado completamente; de modo que lo hubiera pasado mucho peor a haber sabido yo…
—Lo que deseo es que a su hijo se le quiten los medios de molestar en un camino real a la gente honrada. Pero… ¡Con mil diablos! TodavÃa no os he dado la enhorabuena.
—Conque parece ya negocio terminado… ¿eh?
—Completamente terminado. ¿Queréis que os dé un abrazo?
—Con mucho gusto.
—Trabajito ha costado, pero ¿qué importa si hemos salido con la nuestra? Me figuro que estáis contento…
—¿Queréis que os hable con franqueza? Pues estoy satisfecho porque creo que podré ser útil.
—No hay que dudarlo; pero el golpe es formidable y va a meter ruido.
—¡Pues qué! ¿No me quiere el pueblo?
—¡A vos! Lo ignoro en absoluto, pero él es aborrecido.
Sorprendido Richelieu, exclamó:
—¡Él! ¿Quién es él?