JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Ya lo sabéis. ¡Oh! Los parlamentos se van a sublevar como en tiempo de Luis XIV, porque han llevado una buena paliza.
—Explicadme eso.
—Por sà mismo se explica, pues los parlamentos odian al autor de sus persecuciones.
—¡Ah!, creéis que…
—SegurÃsimo estoy como lo está toda la Francia, pero la verdad es que os habéis conducido perfectÃsimamente haciéndole venir tan oportunamente.
—Pero, señor, ¿de quién habláis? Estoy en brasas y no comprendo una palabra de todo lo que me decÃs.
—De M. de Aiguillon, de vuestro sobrino.
—¿Y qué?…
—Repito que habéis dispuesto su venida en muy buena ocasión.
—Ya, ya; con eso me dais a entender que me ayudará en muchas cosas.
—A todos nos ayudará. ¿Sabéis que está en grande con Juanita?
—¿Es cierto?
—Lo que os digo. Ya han hablado y se entienden perfectamente.
—¿Lo sabéis?
—¡Vaya!
—¿De qué modo?