JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Al percibir Andrea pasos cerca de sÃ, se hizo a un lado para que pudiera pasar el que aun no habÃa visto; y asà que pasó llevó la vista hacia aquella parte.
También el señor miraba con ansiedad; hasta se separó para ver mejor, y volviéndose al momento dijo con voz muy dulce:
—¿Adónde os dirigÃs que asà corréis, señorita?
Aquella voz le hizo alzar a Andrea la cabeza, y vio a treinta pasos detrás de ella dos oficiales de guardias que caminaban lentamente; vio también bajo la capota de piel de marta del que le hablaba el cordón azul, y sumamente pálida, asustada con aquel tropiezo inesperado y una interrupción tan graciosa, dijo en voz baja inclinándose:
—¡El rey!
—Señorita —replicó Luis XV acercándose—: Perdonadme si os digo que tengo tan mala vista que me veo obligado a interrogaros cómo os llamáis.
—Andrea de Taverney —contestó la joven tan confusa y tÃmida que apenas se oyó su voz.
—¡Ah!, es cierto; ¿y a qué feliz casualidad se debe, señorita, el que asà viajéis por Trianón?
—Iba en busca de Su Alteza Real la señora delfina, que me está esperando —respondió Andrea.