JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Lo digo para solicitar de Vuestra Majestad una nueva gracia, después de la que se ha dignado otorgarme: un buen amigo mÃo, un anciano servidor de Vuestra Majestad, tiene un hijo en los gendarmes, joven lleno de mérito, pero falto de recursos. Una princesa augusta le ha concedido el despacho de capitán, mas le falta la compañÃa.
—¿Es mi hija esa princesa? —interrogó el rey volviéndose hacia la delfina.
—SÃ, señor —dijo Richelieu—; y el padre de ese joven es el barón de Taverney.
—¡Mi padre…! —exclamó Andrea sin poderse contener—. ¡Felipe…! ¿Es para Felipe, señor duque, para quién solicitáis una compañÃa?
Después, avergonzada por haber faltado asà a la etiqueta, Andrea retrocedió un paso, ruborosa y juntando las manos.
Se volvió el rey para contemplar el rubor y la emoción de la hermosa doncella, y también miró a Richelieu con tanta benevolencia, que el cortesano comprendió cuan grata era su petición a causa del encuentro con Andrea.