JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Pues concedido —dijo Luis XV—; vos, duque, elegiréis una buena compañÃa para ese pobre joven, y yo daré los fondos si no está ya completamente pagada y vacante.
Tan digna acción llenó de contento a todos los concurrentes, valiendo al rey una célica sonrisa de Andrea, y a Richelieu las gracias de aquella boca, a que en su juventud hubiera exigido más todavÃa el ambicioso y avaro mariscal.
Fueron llegando sucesivamente varias visitas, llegando entre otros el cardenal de Rohán, quien desde que la delfina residÃa en Trianón, le hacÃa asiduamente la corte.
Durante toda la noche sólo habló el rey con amabilidad a Richelieu: hasta hizo que le acompañase cuando se separó de la delfina para volver a su Trianón, y el anciano mariscal acompañó al rey estremeciéndose de alegrÃa.
En tanto que Su Majestad penetraba con el duque y sus dos oficiales en las sombrÃas calles que se dirigÃan al palacio, la delfina despidió a Andrea, diciéndole:
—Podéis marcharos, porque tendréis necesidad de escribir a ParÃs esa buena noticia.