JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Qué hay señor barón? —dijo.
—¿Qué queréis que haya, monseñor?
—¿Qué dice el oráculo?
—Que podéis tener esperanzas.
—¿Ha dicho eso? —exclamó el prÃncipe lleno de alegrÃa.
—Deduciréis lo que os parezca, monseñor; lo cierto es que el oráculo indica que esa mujer no ama a su marido.
—¡Oh! —dijo M. de Rohán en un trasporte de alegrÃa.
—Respecto al pelo —dijo Balsamo—, he necesitado quemarlo para conseguir la revelación por esencia: aquà están las cenizas que os devuelvo escrupulosamente después de haberlas recogido, lo mismo que si cada partÃcula valiese un millón.
—Gracias, caballero, gracias; jamás podré pagaros lo que os debo.
—Monseñor, no tratemos de eso: lo único que os recomiendo es que no vayáis a tragaros las cenizas en vino, como acostumbran algunas veces los enamorados, porque esto es una simpatÃa tan peligrosa, que vuestro amor no tendrÃa cura, al paso que el corazón de la mujer amada se enfriarÃa.
—¡Ah!, me guardaré de ello —dijo el cardenal casi asustado—. Adiós, señor barón, adiós.