JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Transcurridos veinte minutos la carroza de Su Excelencia se encontraba en la esquina de la calle de Petits-Champs con el coche de Richelieu, al cual faltó poco para derribar en un enorme hoyo hecho para establecer los cimientos de una casa que estaban haciendo.
Se conocieron los dos señores.
—¡Hola, prÃncipe! —exclamó Richelieu sonriéndose.
—¡Hola, duque! —replicó el cardenal de Rohán llevándose un dedo a la boca.
Y corrieron en opuesta dirección.