JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Había a la derecha una fila de ventanas al nivel de la de Andrea, y observando Nicolasa que estaban asomadas a ellas algunas criadas y limpiasuelos, pasó desdeñosa a otro examen.
En frente unos profesores de música hacían repetir en una gran sala a varios coristas e instrumentistas trozos de una misa que había de cantarse en San Luis.
Se divirtió Nicolasa mientras sacudía el polvo, en canturrear allí a su manera de tal suerte, que los profesores se distraían y los coristas daban notas en falso impunemente.
Y como aquella distracción no podía satisfacer las ambiciones de la señorita Nicolasa, así que vio enzarzados a maestros y discípulos sobre si lo hacían bien o mal, pasó revista a la parte alta del edificio.
Las ventanas estaban todas cerradas, además de que eran unas buhardillas, de manera que Nicolasa volvió a emprender su tarea de sacudir el polvo; pero un momento después se abrió una de aquellas buhardillas sin saberse por qué procedimiento, pues nadie se veía allí.
Sin embargo, alguien había abierto aquella ventana y ese alguien había visto a Nicolasa, no parándose a mirarla, lo cual le pareció una cosa impertinente.