JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Y suavemente empujó, pero con cierta rapidez, hacia la puerta de la antesala a maese Flageot, sumamente contento con el peso que llevaba a su espalda.
Enseguida sacó al mariscal de su prisión, y le dijo:
—¡Ea, señor, al coche!, no hay que perder tiempo, si es que deseáis asistir a la representación. Procurad que vuestros caballos caminen más aprisa que los de los señores comisionados.