JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Querido, ¿para qué, si yo no lo dudo?… Yo te hice venir para que me ayudaras a llevar la carga, y como eres más joven, y por lo tanto más fuerte, tú triunfas y yo sucumbo. Esto está en el orden, y a fe que no adivino por qué abrigas esos escrúpulos; si has procedido conforme a mis intereses, apruebo tu determinación una y mil veces, y si has obrado en contra mÃa te devuelvo tu reprimenda… ¿Merece esto que medien explicaciones?
—Efectivamente, tÃo…
—Duque, eres un niño. Tu posición es brillante; siendo como eres par de Francia, duque, comandante de la caballerÃa ligera y ministro de aquà a seis semanas, debes sobreponerte a cosas que nada valen, porque el buen éxito absuelve de culpas, hijo mÃo. Supón (me gustan mucho los apólogos), supón que nosotros somos las mulas a que se refiere la fábula… ¿Pero qué es lo que oigo por ahÃ?
—Nada, tÃo, proseguid.
—Si tal, oigo una carroza que entra en el patio.
—TÃo, os ruego que continuéis, porque vuestra conversación me interesa mucho, y también a mà me agradan los apólogos.