JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Monseñor, no opina asà maese Flageot.
—¡Bien! ¿Y qué es lo que piensa ese señor Flageot? Pero antes dime quién es.
—Es un procurador.
—¿Y qué más?
—Nada, sino que maese Flageot afirma que el rey no saldrá de esta.
—¡Oh! ¡Oh! ¿Y quién será el que ponga dificultades al león?
—¿Quién ha de ser, señor? ¡El ratón…!
—¿Es decir, maese Flageot?
—Sostiene él que sÃ.
—¿Y tú lo crees?
—Siempre creo a un procurador que ofrece hacer daño.
—Veremos los medios de que se vale.
—Monseñor, eso es lo que yo me pregunto.
—Pues ven a cenar, que deseo acostarme… Estoy apesadumbrado al ver que mi pobre sobrino no es ya par de Francia, ni será ministro. O es uno tÃo, o no lo es, Rafté.
M. de Richelieu exhaló un suspiro, y al momento se puso a reÃr.
—Sin embargo —le objetó Rafté—, tenéis lo necesario para ser ministro.