JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡De modo que a la Bastilla! —dijo encogiéndose de hombros—; ¿Luis XV es acaso Luis XIV?
—No; pero la du Barry, con la ayuda de M. de Aiguillon, valdrá tanto como madame de Maintenón. Ved lo que hacéis, porque no sé de ninguna princesa que vaya como antiguamente a llevaros a la prisión bombones y los despojos de un ave.
—¡Estos si que son pronósticos! —replicó el mariscal al cabo de un gran rato de silencio—. Seguramente leéis en el libro de lo futuro; pero ¿queréis hablarme de lo presente?
—Señor mariscal, vos tenéis excesiva prudencia para que necesitéis consejos de nadie.
—Decidme, señor tunante, ¿vais también a burlaros de mÃ…?
—Tened en cuenta, señor mariscal, que confundÃs las fechas; no se califica de tunante a un hombre que ha pasado de los cuarenta años, y yo tengo ya sesenta y siete.
—¿Qué le hace?… Sácame del apuro… ¡y pronto…!, ¡pronto!
—¿Por medio de un consejo?
—Del modo que quieras.
—No es tiempo aún.
—Está visto que te bromeas.