JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Señora, cuidado, que hay aquà un montón de escombros —dijo el duque advirtiendo que la vieja no se hundÃa en el agujero—; apoyaos en el pasamano… esto es, en la cuerda.
Subió la vieja los primeros escalones, y el duque la siguió.
—SÃ, una canción sumamente chusca —dijo.
—¿Una canción bastante chusca acerca de mi pleito…?
—Lo veréis… pero vos debéis conocerla…
—¡Yo! De ningún modo.
—Se canta con la misma música que la Borbonesa, y dice:
Mi señora condesa,
no faltéis a la promesa
que me hicisteis tiempo há.
—No olvidéis que la du Barry es quien habla.
—Esa es una insolencia que no merece…
—¡Qué queréis!, los cancioneros nada respetan… Pero como esta cuerda no vibra, vos le respondéis:
Soy vieja y testaruda,
señora, prestadme ayuda,
y ganaré quizá.
—Eso es atroz, caballero —exclamó la condesa—, y a una mujer de mi rango no se le ultraja de ese modo.