JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico «Su profesión perdida, comprometida su fortuna, despreciados sus deberes… Su Majestad comprenderá cuánto han debido sufrir… Asà el exponente corrÃa con un asunto interesante de que depende el caudal de una de las primeras familias del reino; merced a su afanosa solicitud, a su industria y a su talento, llega a decir que el indicado asunto marchaba bien, y el derecho de la muy alta y poderosa señora Angélica Carlota Verónica, condesa de Béarn, iba a reconocerse y proclamarse cuando, colocándose el soplo de la discordia…».
—Señora, aquà llegaba —dijo el procurador con aire satisfecho—, y supongo que la figura será hermosa.
—Señor Flageot —repuso la condesa de Béarn—, hace cuarenta años que hice oficial por primera vez a vuestro señor padre, hombre digno si los hubo; después he seguido protegiéndoos con mi clientela, de modo que habéis ganado diez o doce mil libras con mis asuntos, y tal vez hubieseis ganado todavÃa otras tantas.
—Escribid, pues, escribid todo esto —dijo Flageot a su pasante—, pues sirve de testimonio y es una prueba de lo que defiendo: se pondrá en la confirmación.
—Ahora bien —interrumpió la condesa—, os retiro mis legajos, y desde este instante perdéis mi confianza.