JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

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El rey afectaba serenidad, aunque se hallaba intranquilo; pero se le vio admirarse a sí mismo con su magnífico traje, y no faltó quien hiciera la reflexión de que nada favorece tanto como la majestad. El rey, que no fue otro quien hizo la antedicha reflexión, hubiera podido agregar que el amor de los pueblos; pero esta era una frase que la repitieron tantas veces en Metz cuando estuvo enfermo, que creyó no podía repetirla sin que se le motejara de plagiario.

La delfina, para quien dicho espectáculo era nuevo, y que quizá en el fondo deseaba contemplarlo, tomó su aire dolorido, y así concurrió a la ceremonia, lo cual dispuso la opinión en su favor.

La condesa du Barry era valerosa; animábale la confianza que inspiran la juventud y la hermosura; y como habiéndose dicho tanto de ella, nada podían agregar, se presentó con aire deslumbrador, como si llegase hasta ella un reflejo del esplendor que rodeaba a su amante.

Caminaba el duque de Aiguillon con osadía entre los pares que marchaban delante del rey, sin que revelase su noble y característico semblante rastro alguno de pesar o disgusto. Tampoco alzaba la frente con aire de triunfo, de suerte que al verle marchar de aquel modo, nadie hubiera adivinado la batalla que se había entablado entre el rey y los parlamentos en el terreno de su personalidad.


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