JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Es decir —continuó el filósofo—, que por querer conocer a fondo esos planes de regeneración humana propuestos por ciertos hombres que se creen iluminados, cometiendo la locura de creer que puede salir de las buenas ideas de Alemania, tierra de nieblas y cerveza, iba a comprometer mi nombre con el de algunos tontos o intrigantes para quienes servirÃa de escudo. ¡Oh…! No ocurrirá asÃ, no; un relámpago me ha mostrado el camino, y no iré a sepultarme a un abismo espontáneamente.
Y Rousseau alentaba apoyándose en su bastón y quedándose parado por un momento en mitad de la calle, de pie e inmóvil.
—Con todo —continuó el filósofo—, era una quimera muy bella; pero eso de establecer la libertad donde sólo hay esclavitud, conquistar el porvenir sin trastornos ni ruido y tender sigilosamente una red en tanto duermen los que esclavizan al mundo… era demasiado hermoso para que me dejara engañar creyéndolo. Me repugna andar con temores, sospechas y recelos, indignos de una imaginación libre y un cuerpo independiente.
Dicho esto acababa de continuar su correrÃa, cuando la vista de varios agentes de M. de Sartine que miraban acá y allá perpendicularmente asustó su libre imaginación dando tal impulso al cuerpo independiente, que se perdió en lo más profundo de la sombra que formaban los pilares, por debajo de los cuales iba caminando.