JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Si hay castigos contra los que revelan algo, los habrá también contra los tibios y desconocidos: bien sé que los graves peligros, lo mismo que las grandes amenazas, no son nada, siendo muy extraño que en semejantes casos se impongan penas o que se ejecuten; pero es necesario tener cuidado con las venganzas de poca importancia, los golpes solapados, los engaños y demás moneda de cobre. Un dÃa llegarÃa en que los masones mis hermanos pagarÃan mi desprecio tendiendo una cuerda en mi escalera para que me rompiese una pierna, y los pocos dientes que me restan, o bien echarÃan sobre mi cabeza una piedra cuando pasase junto al andamio de alguna obra. Más todavÃa; no faltarÃa entre los francmasones algún escritor que viviese próximo a mÃ, en mi escalera tal vez y desde sus ventanas escudriñase mi aposento, lo cual puede ser, puesto que las reuniones se celebran en la calle de Plastrière nada menos… Pues bien, ese pÃcaro escribirÃa sobre mis sandeces que me pondrÃan en ridÃculo en todo ParÃs; porque, ¿no tengo enemigos en todas partes?
Pasado un instante cambió Rousseau de pensamiento y dijo: