JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico No conocía Rousseau a aquel hombre que bajo la apariencia de un cortesano acomodado ocultaba mucha presencia de espíritu, ayudada de una elocución tan fácil que la hubiera deseado cualquier orador.
Su discurso fue claro y conciso, en el cual manifestó que la logia se había reunido para proceder a la recepción de un nuevo hermano.
—Nadie se asombre —dijo—, de que no nos hayamos reunido en el local en que se hacen las pruebas, pues los jefes las han considerado inútiles. El hermano que se trata de recibir es una de las lumbreras de la filosofía contemporánea, y un hombre de un talento profundo que se dedicará a la defensa de nuestra causa, no por temor sino por convicción. El que ha sondeado todos los misterios de la Naturaleza y del corazón humano, no necesita el estímulo que empleamos para con el simple mortal a quien pedimos que nos preste ayuda con su brazo, su voluntad y su dinero. Para que el hombre de un talento tan distinguido y de un carácter tan honrado como enérgico nos dé su cooperación, nos basta su promesa y aquiescencia.
Así fue como acabó el orador su proposición mirando en torno suyo para examinar qué efecto producía.