JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Ya que os creéis obligado a tratar como si fuese un prÃncipe a un hombre como nosotros; ya que le dispensáis de las molestias fÃsicas, como si no fuese uno de nuestros sÃmbolos, buscar la libertad a costa de los sufrimientos del cuerpo, a lo menos esperamos que no iréis a otorgar a un desconocido un tÃtulo precioso, sin preguntarle con arreglo al rito y conseguir que haga profesión de fe.
Volvióse Rousseau para contemplar el semblante del agresivo personaje que descargaba tan duro golpe en el carro del vencedor.
Conoció entonces con la mayor sorpresa al joven cirujano con quien habló aquella mañana en el malecón de las flores.
El sentimiento de su buena fe, y tal vez un sentimiento de desdén hacia el tÃtulo precioso, le impidió responder.
—¿Habéis oÃdo? —dijo el presidente dirigiéndose a Rousseau.