JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico No contestó Rousseau, y conociendo el presidente en su semblante que no le agradaba aquella discusión, y que sentÃa haberse metido en aquella empresa, dijo al joven con tono de autoridad:
—Hermano, tened la bondad de callar cuando el jefe está hablando, y no critiquéis con ligereza sus actos soberanos.
—Tengo derecho para interpelar —repuso el joven con más dulzura.
—Para interpelar sÃ, pero no para censurar. El hermano que va a ingresar en la asociación es muy conocido para que necesitemos emplear en nuestras relaciones masónicas con él un misterio ridÃculo e inútil. Todos los hermanos que se encuentran presentes, saben quién es, y su nombre es una garantÃa; pero como estoy seguro de que también él es amigo de la legalidad, le suplico que se explique acerca de una pregunta que siento únicamente pro forma. ¿Qué buscáis en la asociación?
Anduvo Rousseau dos pasos, y separándose de la multitud miró a la reunión con aire pensativo y melancólico.