JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Yo busco —dijo—, lo que no hallo; verdades y no sofismas. ¿Por qué me habéis de rodear de puñales que no dañan, de venenos que son agua clara, y de trampas cubiertas por debajo de colchones? Comprendo hasta donde llegan los recursos de las fuerzas humanas; conozco mi vigor fÃsico, y como si lo debilitarais no valdrÃa la pena que me eligieseis hermano vuestro, porque para nada os servirÃa muerto, ni deseáis matarme, ni mucho menos herirme, y todos los cirujanos del mundo no harÃan que considerase buena una ceremonia en que me descoyuntasen un miembro. Más que todos vosotros he aprendido yo a saber lo que son dolores, porque he sondeado el cuerpo y palpado hasta el alma. Si consentà en venir aquà cuando se me instó a ello (y recalcó estas palabras) es porque pensaba que podrÃa ser útil; de suerte que doy en vez de recibir. Antes, ¡ay!, que podáis hacer algo en mi defensa, antes que me deis solamente con recursos vuestros la libertad si me reducen a prisión, pan si me sitian por hambre, y consuelo si me afligen: antes, repito, que seáis algo, el hermano a quien admitÃs hoy en vuestro seno, si es que el señor lo permite (agregó volviéndose hacia Marat), habrá pagado su tributo a la Naturaleza, porque el progreso está manco, porque la luz es lenta, y ninguno de nosotros le sacará de la fosa en que caiga.