JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Pues no veis que pierde el sentido?
—No; lo que sucede es que se duerme.
—¿Cómo dormirse?
—Lo que oÃs.
Miraron todos hacia aquel médico extraordinario, que pensaron estaba loco, y en los labios de Marat brilló una sonrisa de incredulidad.
—¿Tiene la costumbre de hablar el que está desmayado? —preguntó Balsamo.
—No.
—Pues interrogadle y veréis como os contesta.
—¡Eh, joven! —gritó Marat.
—No es necesario gritar tanto —dijo Balsamo—: Habladle naturalmente.
—Decidnos, pues, algo de lo que os pasa.
—Me han ordenado que duerma, y duermo —respondió el paciente.
La voz demostraba completamente tranquilidad, formando un extraño contraste con la que se habÃa oÃdo algunos momentos antes.
Todos los que se hallaban presentes se miraron entre sÃ.
—Ahora —dijo Balsamo—, desatadle.
—No es posible —dijo el cirujano mayor—, pues con un solo movimiento que hiciera se echaba a perder la operación.
—No se moverá.