JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Como os complazca, caballero.
—¿Tenéis la bondad de manifestarme como os llamáis?
—El conde de Fénix.
El cirujano pasó a la habitación inmediata, mientras que Marat confundido, anonadado pero luchando todavÃa contra la evidencia, se aproximaba a Balsamo.
Al cabo de cinco minutos regresó el cirujano con un papel que entregó a Balsamo.
Era un recibo redactado en estos términos:
He recibido del señor conde de Fénix un diamante, que, según él mismo declara, vale veinte mil libras tornesas, y cuyo importe entregaré a un tal Havard el dÃa en que salga del Hospital general.
Dado a 15 de septiembre de 1771.
GuillotÃn, D. M.
Balsamo saludó al doctor, guardó el recibo y salió acompañado de Marat.
—Habéis olvidado la cabeza —dijo Balsamo, para quien la distracción del joven practicante de cirugÃa era un éxito.
—¡Ah!, es verdad —dijo este.
Y recogió su fúnebre carga.
Una vez en la calle, anduvieron muy ligeros y sin hablar palabra, y al llegar a la calle de Cordeliers subieron juntos la pesada escalera que conducÃa a la buhardilla.