JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Os atreveréis a acusarme, caballero?
—Vos estáis en el deber de tener cuidado de mis cosas.
—Es que yo sola no guardo la llave.
—Pero sois la portera.
—¡Bueno está! Por un escudo todos los meses queréis que os sirvan como si tuvieseis diez criadas.
—No siento yo que me sirvan mal; lo que siento es que me roben.
—Caballero, sabed que soy una mujer honrada.
—Una mujer honrada que entregaré al comisario si en el término de una hora no aparece mi reloj.
—¿Al comisario?
—SÃ.
—¿Al comisario una mujer tan buena como yo?
—¿Mujer buena vos? ¿Mujer buena?
—SÃ, y de mà nada hay que decir, ¿lo entendéis?
—Basta, señora Grivette, basta.
—¡Ah!, ya me presumÃa yo que sospechabais de mà cuando marchasteis con ese caballero.
—Sospecho desde que me faltó el puño del bastón.
—Pues bien; advierto una cosa, señor Marat.
—Qué cosa.
—Que en el rato que habéis estado en la calle he consultado…