JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —No es eso precisamente lo que estoy encargado de pediros —dijo M. de Cogny—; Su Alteza Real la delfina desea dar al rey una diversión más completa y más rara, sabe todas vuestras óperas…
Rousseau saludó nuevamente.
—Y las canta admirablemente.
Rousseau se mordió los labios, y dijo tartamudeando:
—¡Cuánto honor!
—Además —continuó M. de Cogny—, como hay en la corte varias damas que son excelentes cantantes, y muchos gentileshombres se ocupan de igual modo de música con buen éxito; la ópera que la señora delfina escogiese entre las vuestras serÃa ejecutada por esa sociedad de señoras y caballeros, cuyos principales actores serÃan Sus Altezas Reales.
Rousseau dio un salto sobre su silla, y dijo:
—Es muy grande el honor que se me dispensa, y os suplico deis las gracias en mi nombre a la señora delfina.
—Aun hay más —agregó M. de Cogny sonriéndose.
—¡Oh!