JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Los ilustres actores iban a desnudarse en sus cuartos, donde Gilberto había renovado las flores.
Taverney aguardaba en el pasillo, pues M. de Richelieu había ido en busca del rey, y tan pronto sentía helársele, como abrasársele el corazón, hasta que por último regresó el duque y se llevó un dedo a los labios.
Taverney palideció de gozo, y salió a recibir a su amigo, que le condujo al palco del rey.
Allí oyeron lo que pocas personas podían oír.
La du Barry preguntó al rey:
—¿Espero esta noche a Vuestra Majestad a la hora de cenar?
Y el rey contestó:
—No, condesa porque estoy cansado.
En aquel momento llegó el delfín, y siguiendo las mismas huellas que la condesa, sin verla al parecer, dijo:
—Señor, ¿nos dispensará Vuestra Majestad el honor de cenar en Trianón?
—Me es imposible, hijo mío; ahora mismo estaba diciendo a la señora que me encuentro fatigado; vosotros con vuestra juventud me aturdiríais, y quiero cenar solo.
El delfín se inclinó y se marchó; la du Barry hizo un profundo saludo y se retiró temblando de rabia.