JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Señorita —respondió Gilberto sencillamente—, creo que tres meses, sin contar el tiempo que estuve enfermo a consecuencia de la sofocación del 31 de mayo.
—Os equivocáis —dijo Andrea—, pues no os pido que me manifestéis si habéis estado o no enfermo… de sofocación… Esto corona tal vez vuestro relato; pero me importa poco. Lo que deseaba deciros, que no habiendo estado más que tres meses en casa del ilustre escritor, los habéis aprovechado muy bien, y aprendisteis a hacer novelas.
Gilberto, que habÃa escuchado con tranquilidad, presumiendo que Andrea iba a contestar a las cosas apasionadas que él habÃa dicho, con otras serias, cayó de todo lo alto de su candidez al ver aquella cruenta ironÃa.
—¿Una novela? —murmuró indignado—, ¿y creéis que es cosa de novela lo que os he manifestado?
—Sà —dijo Andrea—, novela, lo repito, sólo que no habéis podido obligarme a que la lea, y os lo agradezco, pero desgraciadamente siento no poder pagarla con arreglo a su valor; pues por más que hiciese, vuestra novela no tiene precio…
—¿Me respondéis as� —balbuceó Gilberto con el corazón oprimido y los ojos apagados.
—No os hago ese honor —contestó Andrea rechazándole para pasar por delante de él.