JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Oh! ¡Mujer sin corazón, cuerpo sin alma! Te he salvado la vida, he concentrado en ti mi amor, he hecho callar en mà todo sentimiento que pudiera ofender lo que llamaré tu candor, puesto que para mà eras en mi delirio una virgen tan sagrada como la que está en el cielo… Ahora te he mirado de cerca, y no eres sino una mujer y yo un hombre… ¡Oh! Ha de llegar un dÃa en que me vengue. Andrea de Taverney: dos veces has estado entre mis manos, y ambas te he respetado: pero ¡guay de la tercera, Andrea de Taverney…! ¡Hasta la vista, Andrea!
Y se alejó como una fiera herida.