JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Era un collar de perlas de gran precio, con doce gruesos diamantes entre ellas; siendo su valor, asà como el de una espiga de brillantes, unos pendientes y una hilera de diamantes para la cabeza, de treinta mil escudos por lo menos.
—¡Dios mÃo! —exclamó Andrea.
—Y bien, ¿qué?
—Esto es excesivamente bello, y el rey se ha equivocado. Me abochornarÃa de adornarme con eso… ¿Tengo yo trajes que ponerme y que correspondan al valor de esos diamantes?
—Quéjate todavÃa —dijo Taverney con ironÃa.
—No me entendéis, siento no poder llevarlas porque son demasiado hermosas.
—El rey, que ha dado el cofrecito, es un señor muy grande para dar igualmente vestidos.
—Pero esa bondad de parte del rey…
—¿Crees que no la merecen mis servicios? —dijo Taverney.
—¡Ah!, perdonadme, señor; es cierto —replicó Andrea bajando la cabeza, pero, sin estar convencida.
Después de reflexionar un instante, cerró el cofre, y dijo:
—Yo no llevo esas joyas.
—¿Por qué? —preguntó Taverney intranquilo.