JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —En esa dirección… —contestó la joven señalando al Oeste.
—¿Por la carretera real?
—SÃ.
—¿De Châlons?
—SÃ.
—Perfectamente. Por el mismo camino que yo. Como yo, camina a ParÃs; allà la alcanzaré.
Se dirigió a la joven y le arrebató el rizo que esta no habÃa abandonado.
—Descansad —le dijo.
Los brazos de Andrea cayeron sin fuerza a lo largo de su cuerpo.
—Sentaos ante el piano.
La hija del barón dirigióse a la puerta, y al llegar a ella vaciló, porque sus rodillas no la sostenÃan, a causa del cansancio que las quebrantaba.
—Recobrad fuerzas y continuad —gritó Balsamo envolviéndola con mayor cantidad de fluido.
Andrea, semejante al generoso alazán que toma aliento para obedecer la voluntad de su amo, por más injusta que sea, marchó.
Balsamo abrió entonces la puerta, y Andrea, que aún estaba dormida, bajó con lentitud la escalera.