JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Pero —siguió diciendo Balsamo— tú misma te has anticipado, porque como un loco, y todo hombre que ama lo está, he permitido que penetres mis secretos, acerca de ciencias y de polÃtica. Bien sabes que Althotas ha dado con la piedra filosofal y busca el elixir de la vida, cuanto a la ciencia; sabes que mis amigos y yo conspiramos contra las monarquÃas, por lo que se refiere a la polÃtica; y si con lo primero puedes hacer que me quemen por brujo, con lo segundo puedes conseguir que sea condenado, al suplicio de la rueda por delito de alta traición. Y recuerda que me has amenazado, Lorenza; me has dicho que no perdonarÃas ocasión para ver de recobrar tu libertad, y que si llegabas a alcanzarla, el primer uso que harÃas de ella serÃa denunciarme a M. de Sartine. ¿No has dicho eso?
—¡Qué queréis!, algunas veces me enfurezco, y entonces… pierdo la razón.
—¿Estás tranquila? ¿Tienes ahora prudencia y podemos hablar?
—Asà confÃo.
—Y en el caso de que te devuelva esa libertad que solicitas, ¿tendré en ti una mujer adicta y sumisa, un alma constante y dulce? Ya sabes, Lorenza, que este es mi deseo más vehemente.
La joven guardó silencio.
—¿Me amarás al fin? —agregó Balsamo.