JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Quedaba, al fin, libre; por fin se había sustraído al yugo de Nicolasa, es decir, de su enemiga, y Andrea se quedaba sola. Quizá también al marcharse Nicolasa, había dejado puesta la llave en la cerradura de la puerta; quizá podía penetrar Gilberto hasta donde se encontraba Andrea.
Esta idea hizo dar un brinco al ardiente joven, animado de todo el furor que producen el temor y la incertidumbre, la curiosidad y el deseo.
Y siguiendo en dirección opuesta al camino que acababa de andar Nicolasa, dirigióse hacia el pabellón que ocupaba la servidumbre.