JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Nicolasa no era, puesto que habÃa huido con M. de Beausire, Balsamo tampoco, pues se habÃa marchado a galope en su caballo árabe.
No podÃa ser por lo tanto más que una persona extraña.
Si sorprendÃan a Gilberto serÃa arrojado de Trianón, pues Andrea era para él como una de esas reinas de España a quienes no pueden tocar los súbditos, aunque sea para salvarlas.
Estás ideas cruzaron rápidamente por la imaginación de Gilberto, que oÃa acercarse cada vez más aquel paso en medio del fragor de la tormenta, y como estaba dotado de una extraordinaria sangre frÃa, de una prudencia superior, comprendió que aquel no era su puesto, y que lo que importaba ante todo era que nadie le viese.
Apagó, pues, la bujÃa que iluminaba el aposento de Andrea, y se introdujo en el gabinete que servÃa de dormitorio a Nicolasa; y desde donde distinguÃa Gilberto, al mismo tiempo que la habitación de Andrea, la antesala.