JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Caballero —continuó Lorenza—, he sido robada a mi familia, y sometida por medio de un casamiento falso a un hombre que me oprime desde hace tres años, y me mata de sentimiento.
M. de Sartine miró aquella noble fisonomÃa, y se conmovió al oÃr una voz tan dulce, que parecÃa un canto.
—¿De qué paÃs sois? —preguntó.
—De Roma.
—¿Cómo os llamáis?
—Lorenza.
—¿Lorenza qué?
—Feliciani.
—Desconozco a esa familia; ¿sois señorita?[42]
—Soy señorita —respondió Lorenza.
—¿Y qué pedÃs?
—Justicia contra ese hombre que me ha encarcelado y secuestrado.
—Yo no puedo intervenir en eso —dijo el teniente de policÃa—; ¿no sois su mujer?
—Él lo dice, a lo menos.
—¿Qué queréis decir?
—Porque el matrimonio se ha contraÃdo estando yo dormida, y no me acuerdo de haber dado mi autorización.
—¡Vaya un sueño pesado que tenéis!
—¿Qué decÃs?