JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Vamos, expliquémonos, señora. ¿Por qué os he de otorgar mi protección contra un hombre más poderoso que el rey, según vos, y por una acción que quizá sea un crimen? Si deseáis vengaros de ese hombre, hacedlo en buena hora, pues a mà me importa poco; no hay más que, sà cometéis un delito, mandaré que os prendan, y después veremos; este es el procedimiento.
—No —dijo Lorenza—, no mandaréis prenderme, caballero; pues mi venganza es sumamente útil para vos, para el Rey y la Francia. Me vengo descubriendo los secretos de ese hombre.
—¡Ah, ah! ¿Ese hombre tiene secretos? —preguntó M. de Sartine interesado a pesar suyo.
—Lo tiene, y grandes, caballero.
—¿De qué Ãndole?
—PolÃticos.
—Decidlos, pues.
—Pero en resumen, ¿me protegeréis?
—¿Qué especie de protección queréis que os dé? —dijo el magistrado sonriéndose frÃamente—. ¿PedÃs dinero o cariño?
—Lo que quiero, caballero, es entrar en un convento, sepultarme en él y vivir allà ignorada. Deseo que ese convento sea para mà un sepulcro, y que nadie en el mundo viole ese sepulcro.
—¡Ah! —dijo el magistrado—, no es exagerada vuestra exigencia. Hablad, que se os dará el convento.