JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico El primer papel que el teniente de policÃa vio, decÃa:
«Maestre, ya es tiempo de que dejéis el nombre de Balsamo».
Aquel papel no contenÃa firma alguna, sino únicamente estas tres letras: L. P. D.
—¡Ah!, ¡ah! —exclamó M. de Sartine atusándose los bucles de su peluca—; si no conozco la letra me parece que el nombre no me es desconocido. ¿Balsamo?… Busquemos en la B.
Entonces abrió una de sus ochenta gavetas y sacó de ella un registro en que estaban inscritos por orden alfabético y con una letra muy pequeña llena de abreviaturas trescientos o cuatrocientos nombres, precedidos, seguidos y acompañados de unas notas que echaban chispas.
—¡Oh!, ¡oh! —murmuró—, tenemos tela larga con el tal Balsamo.
Y leyó toda la página con señales nada equÃvocas de descontento.
Enseguida volvió a colocar el registro en su gaveta, para continuar haciendo el inventario del cofre.
Otro de los primeros papeles era una lista llena de nombres y signos.