JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Puesto que me conocéis tan a fondo comprenderéis la misión que me ha traÃdo a Francia. Enviado por Su Majestad Federico el Grande, es decir, embajador más o menos secreto de Su Majestad el rey de Prusia, y decir embajador es lo mismo que decir curioso; en mi calidad de tal, esto es, curioso, sé todo lo que pasa, y una de las cosas que mejor conozco es el monopolio del trigo.
Por muy sencillamente que Balsamo pronunció estas últimas palabras, ejercieron más poder sobre el teniente de policÃa que habÃan tenido las demás, pues M. de Sartine prestó atención, levantando, aunque con lentitud, la cabeza:
—¿Qué es eso del trigo? —dijo afectando tanta tranquilidad como Balsamo desplegó al principio de la conversación—; servÃos informarme de ese asunto, caballero.
—Con mucho gusto —dijo Balsamo—, he aquà a lo que queda reducido.
—Ya os escucho.
—¡Oh!, lo comprendo. Unos especuladores muy astutos han inducido a Su Majestad el rey de Francia a construir graneros donde tener acaparado el trigo de sus pueblos por si hay una carestÃa. Los graneros se han hecho sin escasear materiales, y se han hecho grandes, inmensos.
—¿Y qué más?
—Que esos graneros se han llenado de trigo.